Por Alberto Rosario
Los hombres tenemos comportamientos que nos hacen daño a nosotros, a otros y a ellas
Revisando las estadísticas de los últimos años sobre homicidios y suicidios, podemos observar como la violencia es un patrón de conducta masculino tan generalizado que ha tenido poco cambios a través del tiempo.
Michael Kaufman nos aportó su enfoque sobre la tríada de la violencia masculina en la cual el cuestiona su identidad, la construcción de la masculinidad y la violencia contra las mujeres, contra los hombres y contra sí mismos; la sexualidad y sus conflictos[1].
- Antonio de Moya, MA, MPH del Instituto de Sexualidad Humana, Universidad Autónoma de Santo Domingo, R.D. realizó una clasificación sobre las masculinidades prevalecientes en la Republica Dominicana, desde la masculinidad hegemónica. Ubica la identidad masculina como parte importante la “problemática de legitimación” en el país, ubicando significados de la virilidad en las relaciones sociales, reconociendo múltiples “identidades” masculinas.
El doctor de Moya concluye demostrando que en la cultura dominicana las identidades masculinas son frágiles, ya que dependen tanto de la conducta del varón individual como de la de los demás hacia él y “su/s” mujer/es. Las amenazas simbólicas de emasculación recíproca son un juego de poder recursivo y generalizado. Aunque la masculinidad continúa siendo hegemónica, los discursos que tradicionalmente la han validado están en crisis. No obstante, la polaridad masculino-femenino parece ser paradójicamente resistente a la disolución[2].
Pueden ser múltiples los enfoques para analizar el comportamiento masculino, porque a pesar de los avances científicos y tecnológicos, en términos humanos seguimos reproduciendo patrones violentos que nos llevan hacia la muerte y la violencia cotidiana.
Si miramos los modelos de hombres exhibidos a través de los diferentes medios (redes sociales y medios tradicionales), las películas, novelas, muñequitos que ven nuestras niñas y niños, entre otros, podemos observar como la violencia es el común denominador. El hombre admirado y mostrado como exitoso es aquel que gana las guerras, conquista los mundos, las mujeres y por supuesto, a la audiencia.
Independientemente del tipo de masculinidad al cual nos ajustemos, estamos atrapados por los patrones conductuales violentos que se modelan en la sociedad, hasta cierto punto seguimos comportándonos como “neandertales” cuando se trata de relaciones, sobre todo, las relaciones de pareja, solo a modo de ejemplo.
Como revertir esta realidad
Existen corrientes que plantean la necesidad de que las personas busquemos más hacia nuestro interior, trabajemos nuestra espiritualidad, más allá de preceptos religiosos ortodoxos limitantes, se refieren a la capacidad del ser humano de modificar conductas y comportamientos a partir de aprendizajes significativos, rompiendo con ese ego desbordado y que nos impide un crecimiento fundamentado en el bienestar espiritual y no en lo material.
Al igual que la diversidad de enfoques, no importa el camino que elija, la máxima fundamental, desde mi humilde punto de vista, es avanzar hacia el logro de humanidades respetuosas de las leyes, los valores éticos, el respeto a las diferencias, la generación de paz y armonía interna y externa, a fin de lograr una sociedad equitativa y un desarrollo humano sostenible y sustentable.
Fuentes:
[1] http://joaquimmontaner.net/cronologia/timeline-post/hombres-placer-poder-y-cambio/
[2] http://pepsic.bvsalud.org/pdf/pp/v3-4/v3-4a20.pdf
